La explotación del gas de esquisto (‘shale oil’) en EE.UU. no cae bien en OPEP que pide reducciones inmediatas

(8 Marzo 2017) Cuando los altos responsables del sector del petróleo se reunieron hace un año, en Houston, el ministro de Energía de Arabia Saudita dirigió palabras duras a las empresas que explotan el petróleo de esquisto en Estados Unidos debido a las dificultades generadas por la mayor caída de los precios de una generación. “Reduzcan los costes, pidan dinero prestado o liquiden”, dijo Ali Al-Naimi, el responsable de la mayor empresa exportadora de petróleo del mundo durante más de dos décadas.

El año pasado, las empresas siguieron, en gran parte, el consejo de Naimi. A pesar de que más de 100 de ellas han ido a la quiebra desde el inicio de 2015, las que sobrevivieron se convirtieron en versiones más pequeñas, ligeras y ágiles, capaces de prosperar con el barril de petróleo a 50 dólares. Ahora, es la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) la que se encuentra a la búsqueda de soluciones, a la desesperada, para elevar aún más los precios, en un intento de recuperar las economías de los países que integran el cártel. “El negocio de la pizarra se rejuvenece debido a las dificultades que pasó”, dijo el CEO de Royal Dutch Shell, Ben van Beurden.

Después de dos años de una crisis que desplomó el precio del petróleo de 100 a 26 dólares, la producción estadounidense se encuentra de nuevo subiendo, lo que abre la posibilidad de un nuevo enfrentamiento con la OPEP. El número de plataformas de perforación en Estados Unidos ha aumentado un 91% en poco más de nueve meses, hasta 602.

Mientras tanto, la producción ha aumentado en más de 550.000 barriles al día desde el tercer trimestre, quedando por encima de los 9 millones de barriles al día por primera vez desde abril del año pasado.

Y en el momento en que el esquisto regresa para vengarse, la explotación no se reduce a los ‘cowboys’” pioneros que dominaron la primera fase de la revolución en la formación de Bakken, en Dakota del Norte. Ahora, Exxon Mobil y otros grandes grupos petroleros han entrado en la carrera. Se trata de una nueva realidad que la OPEP y Rusia, las principales fuerzas detrás de los cortes de producción aprobados el año pasado como solución para reequilibrar el mercado global, están empezando a reconocer: “Con el barril a 55 dólares, vemos a todos felices en Estados Unidos”, ha dicho Didier Casimiro, administrador de la petrolera Rosneft, con sede en Moscú.

Exxon es un líder mundial en desarrollos petroleros multimillonarios que llevan años en construirse y aún más tiempo para que rindan beneficios. La petrolera está destinando ahora alrededor de un tercio de su presupuesto de explotación de este año a los campos de esquisto, que aportarán cash flow en sólo tres años, según ha dicho su director ejecutivo, Darren Woods. En enero, Exxon ha cerrado un acuerdo de 6.600 millones de dólares en una adquisición que tiene como objetivo duplicar su presencia en la cuenca del Pérmico, en la región oeste de Texas y Nuevo México, en el campo de esquisto más fértil de Estados Unidos.

Si a esto se suma la llegada al poder del presidente Donald Trump, con la promesa de reducir las regulaciones y ampliar los canales de comunicación y la independencia energética, uno puede darse cuenta de  por qué el estado de ánimo en CERAWeek, la conferencia que todos los años reúne a ejecutivos, banqueros e inversores del sector del petróleo en Houston, será mucho más brillante en a partir de mañana de lo que lo fue en 2016.

“Las petroleras norteamericanas van a aumentar sus inversiones en un 25% en 2017 en comparación con el año pasado”, dijo Daniel Yergin, historiador y asesor del sector que organiza la CERAWeek. “El aumento refleja el magnetismo del esquisto de Estados Unidos”.

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