Ganancias de grandes petroleras caen drásticamente en tanto precios siguen cuesta abajo

“Tanto va al cántaro a la fuente que, al final, se rompe”. El refrán popular es muy útil para ilustrar cómo la industria petrolera pasó del boom a la crisis. Fue tal la creación de empresas y la extracción de crudo en el mundo que terminó por saturar al mercado del mineral.

Y tanto fue el cántaro a la fuente, que finalmente parecer haberse roto. El barril de Brent se cotizó el viernes 3 de julio a US$ 60,32 y el de WTI a US$ 55,52. El precio promedio en lo que va del año es de US$ 59,4 para el Brent y US$ 53,41 para el WTI, muy lejos de los valores sobre US$ 120 que se cotizaba hace unos años.

Las 100 principales empresas del rubro energético, medidas por capitalización bursátil, han mostrado una caída de 86,3% en sus utilidades en el primer trimestre del año respecto de igual período del año anterior.

Camilo Larraín, analista de commodities de Bice Inversiones, considera que el nivel actual es “relevante”, ya que si el barril supera los US$ 65 sería un “punto psicológico” a partir del cual las “empresas empiezan a tener utilidades positivas”.

El analista explica que la fuerte caída que experimentaron las firmas “responde a un tema de menor precio del petróleo, el cual tiene un impacto directo en las utilidades de las empresas”.

Gonzalo Urzúa, gerente general Zurich AGF, resume el período que vive el precio del petróleo como un proceso marcado por la “aparición de una nueva tecnología; cuando esto sucede, siempre se producen shocks bruscos de precios”.

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Lo que se avizora más complejo para la superpoblación de empresas petroleras es cómo subsistir cuando los márgenes están lejos de dar ganancias. Esto, teniendo en cuenta que la economía internacional no atraviesa un buen año: Asia no crece al ritmo de años anteriores; Europa vive turbulencias políticas provocadas por Grecia, y la economía del bloque necesitó del estímulo monetario del Banco Central Europeo para salir a flote.

Esto, sumado a los vaticinios de los analistas, que advierten un precio promedio del año entre US$ 60 y US$ 70 el barril, hace que el panorama sea algo sombrío para las petroleras.

Colin Hamilton, jefe de Investigación de commodities en Macquarie, vaticina que “no vamos a ver una recuperación de los precios hasta 2017″ y remarca que para las grandes empresas se pueden ver “mejores márgenes en el corto plazo, pero las empresas más jóvenes deberán buscar mecanismos alternativos de supervivencia”.

Respecto del futuro de estas firmas, Larraín considera que “lo que va a pasar es que en el largo plazo las empresas irán compitiendo y quedarán las más eficientes y el resto de las compañías irá muriendo”. Y advierte que aquellas que “se sometan a los cambios tecnológicos van a ir manteniendo márgenes positivos, y las que no logren hacerlo van a ir saliendo del mercado”.

De igual modo ve el futuro Urzúa: “Las empresas que tienen un balance fuerte y hayan estructurado bien su estructura de deuda van a sobrevivir; esto funciona bajo la misma lógica de cualquier industria”.

A priori, es factible que la vida útil de varias firmas pueda peligrar en este competitivo escenario que presenta una sobreabundancia de oferta en un mercado ya saturado y con menos dinero que antes. Al parecer, el cántaro en el rubro petrolero también se rompió.

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Entretanto, anteayer lunes se reportó que el valor del petróleo se sigue viendo afectado: el WTI -West Texas Intermediate, de referencia en Estados Unidos- registró una caída de 7,7% y cerró en US$ 52,5 el barril. Asimismo, desde el lunes pasado acumula una baja de 9,9%.

Ya desde el año pasado que el valor de este commodity se viene desplomando, pero en la última jornada los factores que contribuyen a la baja se acentuaron. La crisis en Grecia y su relación con la Eurozona, sumado a la sobreoferta global de crudo, y la apreciación del dólar respecto del euro, están impactando el precio del petróleo.

Este commodity , así como otras materias primas, se transa en dólares. Por lo anterior, el alza en el valor de la moneda estadounidense implica que se necesita más dinero en monedas locales para comprar el mismo barril de crudo. En consecuencia, el alza del precio de la divisa estadounidense perjudica la demanda por este combustible.

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