«Tormenta perfecta» supondrá fin de las compañías eléctricas

(Miércoles, 12 de noviembre, 2014).- Al igual que ha ocurrido en otros mercados, se está repitiendo un modelo que ya le ha ocurrido a la industria de la comunicación (con la llegada de los blogs y los micromedios), a la del software (con la llegada de los pequeños desarrolladores de apps y software libre), a la industria del turismo (con la posibilidad de planear tu propio viaje y alojarte en pisos de otros ciudadanos), a la industria de la música (con la llegada de micro-sellos musicales que venden en Internet y las descargas que nos permiten acceder a miles de nuevos artistas), a la de la moda, la de los libros, etc.
Es el concepto de la ‘Larga Cola’ (‘The Long Tail’), muy popular hace unos años, que Chris Anderson acuñó en 2004 y que resumía una tendencia: la democratización de los mercados y el paso de un escenario en el que unos pocos grandes vendían mucho a otro en el que muchos pequeños venden un poco cada uno.
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Pero es el de los medios de comunicación el mercado más representativo: las televisiones han dejado de tener grandes audiencias y, al mismo tiempo, los blogs (por ejemplo) han conseguido unos pocos cientos de seguidores cada uno. La suma de todas las pequeñas audiencias de todos estos micromedios está comenzando a superar todas las audiencias de las grandes televisiones.
Y en cada una de las industrias se ha repetido el mismo patrón: los grandes jugadores que controlaban la partida, incapaces de ver cómo cambia la tecnología y el mercado, y amenazados por la llegada de los nuevos pequeños, han comenzado con acusaciones y movimientos para intentar defender su modelo de negocio con operaciones a margen del mercado.

¿Qué ha pasado en el mundo de la energía eléctrica? En España, por ejemplo, en febrero de este año el Gobierno subió el precio del término fijo de la potencia eléctrica, el precio que los consumidores de menos de 10kW pagan todos los meses por cada kW que tienen instalado en sus hogares y comercios, consuman mucha o poca energía eléctrica, y que es un peaje pagado a las grandes eléctricas. Y es que, durante los últimos años, estas grandes eléctricas han conseguido en muchos países del mundo enormes cantidades de dinero a través de decretos oficiales y actividades reguladas a su favor. Una especie de castigo a unos clientes que empiezan a comportarse de una manera diferente.

Y es que la industria de la energía eléctrica es una de las pocas que no ha sucumbido a la ‘Larga Cola’ y a la posibilidad de que las grandes utilities den paso a la llegada de pequeños productores (nosotros mismos, incluso) que puedan competir con otras formas de generar energía y con unos precios diferentes de los marcados por los de siempre.
Para comprender por qué la industria de la energía eléctrica ha tardado tanto en mostrar una ‘Larga Cola’, hay que recordar que este mercado tiene algunas peculiaridades que la diferencian del resto de los que hemos hablado: la producción de la mercancía ha requerido de fuertes inversiones iniciales, la mercancía solamente se puede distribuir por un único canal físico (la red eléctrica), y la mercancía siempre hay que consumirla en el mismo momento que se produce.

Pero todas estas dificultades, al igual que ha ocurrido en muchas otras industrias, son únicamente barreras tecnológicas que se están superando con diferentes avances, tales como:

nuevas fuentes de generación más asequibles a partir de fuentes naturales, principalmente la eólica y, sobre todo, la solar;
– un mayor desarrollo de las baterías eléctricas;
– la llegada de las microrredes locales;
– Paneles solares + Baterías

No obstante esta situación, lejos de ser idílica, ya es real para algunos consumidores. En California la empresa fabricante de autos eléctricos, Tesla está ofreciendo a algunos usuarios de SolarCity (una empresa hermana) la posibilidad de instalar en su vivienda una batería de ión-litio con capacidad de 10 kWh (y unas medidas de 80x35x26 cm), con la misma tecnología de baterías que hace funcionar el coche ‘Model S’ de Tesla Motors. Con ello, mientras luzca el sol podemos ir cargando la batería o consumiendo directamente de los paneles y, por la noche podemos ir gastando de lo cargado. Hay que recordar que 10 kWh es el consumo diario de electricidad promedio por hogar.
¿Cuál sería el resultado de esto? “No quiero tener que comprar la energía a PG&E [la mayor compañía eléctrica californiana] en hora punta, quiero usar my propia energía. ¿Ves esa línea eléctrica que viene desde la calle a mi casa? Espero ansioso el día en el que pueda cortarla”, comenta Marco Krapels, uno de los usuarios que forma parte de esta prueba piloto de SolarCity y Tesla.

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Además, los paneles de SolarCity están equipados con una tecnología (llamada DemandLogic) que permite analizar el consumo de tu hogar y reducir la cantidad de energía eléctrica que compras a la red convencional, para así ahorrar dinero tanto en tus pagos por la energía consumida como por la tarifa fija de potencia que pagas al distribuidor. La lógica de esta tecnología no es nada complicada, y en un futuro habrá cientos de aplicaciones (seguramente, de código abierto) que te ayudarán a gestionar la producción de tu placa solar, tu consumo y el almacenamiento de tus baterías.

Microrredes
Uno de los grandes valores de las redes de distribución a las que nos conectamos (y por las que pagamos los peajes de acceso) deja de ser solamente el tener acceso a toda la energía que nos llega, y con este nuevo escenario pasa a ser también el de ganar la estabilidad que podemos necesitar en caso de que fallen nuestros paneles solares y nuestras baterías.
Es factible que este fallo ocurra, y por eso no podemos esperar vivir en una isla eléctrica, sin poder recargar nuestro coche eléctrico o echando a perder todos los alimentos de la nevera esperando a que se pasen los días nublados o a que llegue un técnico de reparación. Las redes eléctricas son necesarias para echar una mano, energéticamente, de una parte a otra de la red y cobrando por ello.
Pero, ¿es factible construir una red eléctrica al margen de las ya existentes, y propiedad de las grandes compañías eléctricas? Desde la India (donde permiten a parte de la población tener acceso a energía eléctrica) hasta EEUU (el país donde las microrredes son más populares) las cada vez más populares ‘microgrids’ avanzan con paso firme y ya en 2013 existían 4.1 GW de capacidad instalados en todo el planeta. Son sistemas eléctricos a escala de las grandes redes eléctricas que conectan pequeños generadores (renovables o no) y dispositivos de almacenamiento eléctrico cada vez más asequibles.

Son propiedad de pequeñas organizaciones e incluso de algunos vecindarios, y están gobernados por sistemas de software y sensores día a día más fáciles de acceder y desarrollar. Esto permite a las microgrids generar, distribuir y regular la energía de la red con una complejidad reservada hace unos años a las grandes compañías eléctricas.

Las microrredes no tienen por qué estar aisladas. Veamo algunos casos. Uno es el de Larry Ellison (Director Ejecutivo de Oracle), que ha comprado una isla en Hawaii y pretende transformarla en un modelo de energía sostenible a través de una microgrid. Para ello, ha fichado al artífice de otra microrred que es ejemplo en el mundo, la de la Universidad de San Diego en California, que ha conseguido que el 90% de la energía del campus se abastezca con la mayor pila de combustible comercial del planeta y 1,5 MW de paneles solares instalados en los tejados del campus. También se comenta el caso de un complejo residencial californiano donde, a través de una microrred conectada a la red eléctrica de la compañía local, un sistema inteligente determina en cada momento qué energía es más barata para consumir, ya sea la ‘local’ de sus paneles solares o la ‘importada’.

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Construir una nueva microrred es formidable, pero ¿no podemos convertir la ya existente en nuestro vecindario o ciudad? El problema es que esa red de distribución es propiedad, en la gran mayoría de los casos, de las grandes compañías eléctricas que también te venden la energía que producen. Y, claro, no entra dentro de sus planes que comiences a generar tu propia electricidad y dejes de comprársela a ellos (y de pagarles las tasas de acceso).

Pero, tranquilo, en el corazón de Europa está naciendo un sigiloso movimiento que está convocando referéndums para intentar nacionalizar las redes de distribuciones de los pueblos o ciudades, con el argumento de favorecer el desarrollo tecnológico desde redes públicas que favorezcan la innovación. El año pasado (noviembre 2013) los convocantes no consiguieron el quorum necesario (aunque sí una mayoría de votos) para que Berlín comprase al gigante Vattenfall la red eléctrica de la capital germana, y hace unas semanas la misma compañía eléctrica ha aceptado a regañadientes vender por 400 millones de euros su red de distribución en Hamburgo, cuyos vecinos votaron mayoritariamente en septiembre a favor de la nacionalización.

La advertencia de la banca de inversión

¿Es todo esto un sueño loco de unos «frikis» que conectan sus paneles solares a baterías eléctricas y se crean sus propias microrredes? Para el banco de inversión suizo UBS, uno de los bancos privados más importantes del planeta, es una tendencia imparable y las grandes eléctricas se enfrentan a una “tormenta perfecta” que las energías renovables y las nuevas tecnologías de almacenamiento eléctrico están creando para poner seriamente en peligro su modelo de negocio en unos años.
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En el informe titulado “¿Pueden las compañías eléctricas sobrevivir en su actual forma?” UBS advierte que el mayor riesgo para estas grandes empresas está, sobre todo, en los países más desarrollados, donde la generación distribuida (sobre todo, la solar) se está haciendo con una mayor parte de una tarta de consumo “ya agotada”. Se pone como ejemplo regiones como Australia, el suroeste de EEUU, Alemania, Italia y, con un poco maś de tiempo, España. En todas ellas, para el año 2020 los beneficios de las grandes eléctricas habrá caído un 50%, justo al mismo tiempo que generar (y almcenar) tu propia energía eléctrica comienza a ser más barato que comprarla a las redes convencionales, lo que se conoce como ‘paridad de red’. Es un hecho que tanto el precio de los paneles solares como el de las baterías se está reduciendo exponencialmente cada año. Con ello, estima UBS, en el año 2020 el 29% de la energía doméstica de los alemanes se generará en sus propios hogares.
Precio de baterías desciende exponecialmente
Los Wh almacenados con 100 dólares aumenta cada año. Son las matemáticas y el mercado. Con la llegada de nueva tecnología más asequible y más democratizada, se abre las puertas que los actuales (y futuros antiguos) clientes de la grandes eléctricas hagas cosas maravillosas en su casa por sí mismos, controlando eficientemente su consumo y sin necesidad de que nadie le traiga la energía desde cientos de kilómetros.

Se están repitiendo los patrones de otras industrias: unos pocos frikis están abriendo el camino (con sus microgrids, con sus paneles solares y sus baterías en casa) para que el resto de los consumidores vayamos luego adoptando estas nuevas tecnologías. ¿Te acuerdas de tu amigo friki que te dijo que tenía “email” o te enseñó su primer smartphone? Pues tranquilo, que en unos pocos años tendrás en tu casa una batería eléctrica doméstica de unos 10 kWh, para consumir la electricidad de una manera más inteligente.
Se abren las puertas también a nuevos modelos de negocio alrededor de la energía solar, del almacenamiento eléctrico, de las tecnologías de ahorro y eficiencia energética, de vehículos eléctricos, y de nuevos dispositivos en el hogar que controlen y predigan nuestro consumo con inteligencia artificial, siendo una parte más del ‘Internet de las cosas’. Nuevos negocios alejados del actual escenario de unas pocas y grandes compañías eléctricas que están intentando cortar la innovación tecnológica con sus ridículas demandas que los Gobiernos acceden (por ahora) a cumplir.

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