Problemas de Venezuela se concentran hoy en la crisis eléctrica que pronto podría dejarlos a oscuras

A una semana de la implementación de un plan de ahorro energético en Venezuela, la tensión social va en ascenso. La nación ya atraviesa una dura crisis de escasez, una fuerte alza de los precios y una recesión sin precedentes, pero el descontento hacia el presidente Nicolás Maduro se concentra ahora, precisamente, en la grave crisis eléctrica.

El pasado viernes 29 de abril cientos de ciudadanos de todo el país se movilizaron a las sedes de Corpoelec, el ente eléctrico estatal, para rechazar las medidas que ha tomado el Ejecutivo recientemente. Y es que la mayoría de los ciudadanos, exceptuando a quienes viven en Caracas y algunos otros pocos estados, comenzaron a experimentar el lunes pasado un corte programado de cuatro horas que, según denuncias en redes sociales, en muchos casos excedió el tiempo provocando mayor enojo popular. Incluso la capital, a pesar de haber sido excluida por albergar el poder político del país, ha registrado cortes.

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Éste es el último golpe a una economía que el Fondo Monetario Internacional pronostica se contraerá 8% este año, tras hacerlo en 5,7% en 2015.

El gobierno atribuye la actual situación a la severa sequía que llevó a mínimos históricos al embalse de la principal hidroeléctrica del país. El nivel de agua de la represa Guri había alcanzado para el viernes los 240,89 metros sobre el nivel del mar, muy cerca de la cuota mínima. Las turbinas empezaron a registrar vibraciones y fallas en su funcionamiento. Y al caer por debajo de los 240 metros, se apagarán los generadores en la planta que produce cerca del 70% de la electricidad que la nación consume.

La oposición, en cambio, acusa al Ejecutivo de no haber tomado medidas a tiempo para evitar el colapso del sistema y de dar un manejo improvisado a la crisis. Incluso el gobernador de Miranda y líder opositor, Henrique Capriles, denunció que por la corrupción y el mal funcionamiento del sistema, se han despilfarrado US$ 60 mil millones en inversiones ineficientes y poco transparentes.

Uno de los casos más flagrantes de despilfarro fue antes denunciado por el diario El Nacional, que cita fuentes sindicales del sector para asegurar que, entre 2008 y 2015, el gobierno invirtió US$ 32.800 millones para producir 16.354 megavatios de generación. Pero de eso, sólo se incorporaron 3.044 Mw.

Pareciera que la sequía ha dejado más bien al descubierto la vulnerabilidad de un país y de un régimen que apostó toda su economía a un petróleo por encima de US$ 100 y a generar más de la mitad de la electricidad con una sola central hidroeléctrica. Según estimaciones, en menos de quince días se puede producir un apagón nacional.

El diputado venezolano José Guerra asegura que la explicación del fenómeno de El Niño es sólo una excusa porque, aunque efectivamente tiene efectos para el país, otras naciones de la región y del mundo que están a merced del cambio climático no han presentado un deterioro similar.

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Aunque en Centroamérica ningún país tomó medidas y han mantenido los sistemas eléctricos activos, Colombia -que atraviesa la peor sequía en casi dos décadas- se vio en la necesidad de implementar acciones.

Su presidente Juan Manuel Santos anunció, a principios de marzo, un plan de racionamiento de seis semanas para disminuir el consumo eléctrico diario entre 5% y 10% y, así, descartar un apagón como el de 1990.

La meta fue alcanzada y el 25 de abril, el mandatario anunció el fin de las restricciones.

Así, mientras Colombia parece haber superado los estragos de El Niño, su vecino se acerca a un panorama más oscuro.

Elio Palacio, secretario general de Corpoelec en Caracas, aseguró que no había manera de que Venezuela escapara de los cortes acostumbrados por la sequía pero reconoció que la caída en las importaciones e inversiones ha afectado en gran medida a la compañía.

La necesidad de recursos y materiales para la rehabilitación de las instalaciones termoeléctricas es uno de los casos más emblemáticos. “Con sólo esa operación, se pudo reducir el racionamiento eléctrico actual” dijo.

Los apagones, que tanto malestar están causando en la población, forman parte de un programa de ahorro que emprendió el Ejecutivo hace dos meses que ha implicado, entre otras medidas, la reducción de la jornada laboral del sector público a sólo dos días por semana, varios asuetos y, desde ayer, se adelantaron media hora los relojes luego de que Maduro ordenara cambiar el huso horario del país, revirtiendo la decisión de su antecesor Hugo Chávez en 2007.

Además desde febrero, se le impuso a los centros comerciales racionar la energía durante horas de la mañana y de la noche e incluso autoabastecerse con el servicio. Los pequeños comerciantes también han recurrido desde entonces a la inversión en generadores propios que les permitan independencia eléctrica y evitar mayores pérdidas.

Por si fuera poco, hasta el sistema de transporte subterráneo ha tomado medidas para paliar la crisis.

Con todas estas medidas, finalmente los venezolanos contarán con luz en sus residencias, comercios y lugares de trabajo sólo quince días al mes. Y algunos un poco menos.

Aunque Maduro aseguró que los esfuerzos habían ayudado a recuperar algunos centímetros del nivel de agua en Guri, funcionarios del ente eléctrico declararon que no habían surgido tal efecto. Muestra de ello es que la represa está a punto de paralizar. Ante este panorama, el presidente anunció que pedirá ayuda internacional para intentar salvar la red eléctrica a través de la construcción de “obras especiales de recuperación para los próximos meses y años”.

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Se prevé que racionamiento se intensificará

Mientras el desplome energético deja en evidencia los problemas económicos y sociales del gobierno, la oposición corre una carrera contra el tiempo para intentar completar antes de enero de 2017, el proceso que le permita realizar un referendo revocatorio en contra de Maduro.

José Guerra, diputado y ex economista del banco central, en una reciente entrevista ha declarado que: “El país con mayores reservas petroleras no tiene electricidad”

– ¿Cómo ve la situación actual de Venezuela?

– Tenemos una crisis económica sin precedentes. Estamos en un proceso de hiperinflación, de más de 400% en el año 2016, una caída del Producto Interno Bruto de entre 8% y 10%, y una situación de escasez generalizada.

– ¿Qué le parecen las últimas propuestas de Nicolás Maduro de recortar la semana laboral a dos días para los funcionarios públicos? ¿Cuál será su impacto económico?

– El impacto será que va a acentuar la recesión de la economía, porque va a trabajar menos la gente. Habrá menos bienes porque habrá menos producción. No hay ahorro de divisa, no hay ahorro de electricidad y la situación se agrava. Se paralizan muchas actividades porque la administración pública, al no trabajar, hay negocios que se dejan de hacer, contratos que se dejan de firmar, hay una situación muy complicada.

– Entonces, más que aliviar la crisis energética, esto podría agravar aún más la situación económica…

– Definitivamente la va a agravar más.

– ¿Cómo se llegó a esta crisis energética?

– Este es un caso único en el mundo. El país tiene las reservas petroleras más grandes del hemisferio occidental y no tiene electricidad. El país tiene parte de los ríos más grandes de América y no tiene electricidad.

Aquí lo que ocurrió es que una represa inmensa, la segunda más grande de América Latina, la represa de Guri está en un nivel muy bajo porque no ha llovido, y no puede procesar el agua.

Pero además eso ocurrió porque las plantas termoeléctricas que se iban a instalar no se instalaron y se sobreexplotó el embalse, que se quedó sin agua y no pudo generar la electricidad suficiente para el país.

– ¿Tiene que ver además el fenómeno de El Niño?

– Tiene que ver, pero no es el factor determinante, porque si no llueve es un problema, pero tampoco llueve en Colombia, ni en Trinidad, que están al lado de nosotros, pero allá sí hay electricidad. Es un problema nuestro.

– ¿Puede la situación actual generar un gran estallido social?

– Hay protestas todos los días, ya hay indicios de estallido social. En las ciudades grandes, con más 2 millones de habitantes, ha habido conatos grandes, muy peligrosos.

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