El mundo y los negocios necesitan energía

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El siempre controvertido sector energético y su relación con el cambio climático


La urgencia de las consecuencias previstas, algunas de ellas ya reales, en relación al cambio climático nos empujan a pasar a la acción y no ser simples espectadores de los acontecimientos.

Si bien es cierto que muchas de las cuestiones que vamos a plantear tienen que ser impulsadas por dirigentes, gobiernos y organismos supranacionales, en nuestra mano está como ciudadanos conocer y apoyar las distintas opciones que existen para frenar el calentamiento global y el cambio climático que nos acecha.

Vamos a empezar analizando las posibilidades que se pueden poner en marcha desde uno de los sectores que más emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) produce. Nos referimos al sector energético, siempre controvertido y sujeto a grandes intereses corporativos y políticos.

Una de las primeras medidas sería establecer calendarios para el cierre de las centrales eléctricas que emplean combustibles fósiles para la generación de electricidad. De esta manera se prescindiría del carbón con un horizonte cierto y cercano.

Quizás en el sector residencial sean necesarios otros plazos para usos como el Agua Caliente Sanitaria (ACS) y la calefacción, en cualquier caso, con un horizonte de desaparición para 2030 o antes. Son necesarios planes específicos para la sustitución y supresión de las calderas de gas, carbón y derivados del petróleo que elimine su instalación en unos pocos años.

Aparejada a la primera, la siguiente sería congelar la construcción de centrales nucleares y sustituir paulatinamente las centrales nucleares en funcionamiento por potencia en exclusiva procedente de energías renovables.

Para prescindir de estas infraestructuras es paso necesario que los Estados diseñen, potencien o reactiven sus planes de fomento de las energías renovables, teniendo en cuenta las medios y costes actuales según todas las tecnologías disponibles.

En este desarrollo de las renovables, se debe poner en el centro de la planificación el autoconsumo, el balance neto, la generación distribuida y las redes inteligentes (smart grid), incentivando estas cuestiones y modificando el marco regulatorio para que eliminar las trabas al autoconsumo que frenan su desarrollo en muchos países.

Y es que muchas de estas trabas proceden de la presión de los actuales lobbies energéticos que velan por la oscuridad en el sector. De ahí que sean necesarias auditorías claras de los costes energéticos que sean la base para cambiar el actual sistema de conformación de precios de la energía por otro nuevo e independiente que asegure la democratización de la energía, el derecho al autoconsumo renovable y la incorporación de criterios sostenibles y no siempre únicamente de carácter económico.

Relacionado con el reciente anuncio del Banco Mundial y su negativa a financiar nuevos proyectos basados en combustibles fósiles, es necesario potenciar únicamente inversiones donde intervengan energías renovables y la eficiencia energética, y no incidir en la proliferación de actividades e infraestructuras relacionadas con fuentes no renovables.

Y es que esta inversión también aparece en forma de subsidios encubiertos que cubren las pérdidas por falta de competitividad de industrias como la del carbón, o los pagos por capacidad de las centrales de gas que sostienen en muchos países a parte de estas instalaciones.

También deberán articularse mecanismos para frenar nuevas prospecciones y exploraciones en busca de nuevos yacimientos de combustibles fósiles, incluidas las poco populares técnicas de fractura hidráulica (fracking).

Una opción que debe ser estudiada y potenciada en cada caso es la de la interconexión entre redes, principalmente eléctricas y gasistas, que puede ser una solución para equilibrar consumo y la potencia instalada entre los territorios conectados.

Esto nos llevaría a recalcular el porcentaje de interconexiones previamente a la ejecución de nuevos proyectos, así como una evaluación ambiental estratégica que considere al menos la opción de la no construcción teniendo en cuenta la huella de carbono asociada a todo el ciclo de vida de las instalaciones.

Pero, además, también es necesario planificar la cantidad máxima de combustibles de origen renovable y la biomasa, de acuerdo con la disponibilidad de materia prima que se produce como consecuencia de las labores de conservación y otras actividades sostenibles, teniendo en cuenta la necesaria restitución de la materia orgánica en suelos.

Y es que los objetivos de reducción de emisiones se deberán alcanzar mediante un cambio de modelo energético que combine el uso de fuentes renovables, un incremento de la eficiencia y una reducción de consumo ambiciosa y real.

Solo nos que añadir que esta tan necesaria transición energética tendrá otros impactos positivos como el que se va a producir en el empleo como consecuencia de la incorporación de trabajadores a estos nuevos campos de actividad.

 

Tomado de Eco Inteligencia


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