Aún no hallan la manera de construir baterías de bajo costo para almacenar energía

De cuando en cuando surge cierta noticia anunciando la batería definitiva, que utiliza una técnica revolucionaria y que será la que triunfe, pero no hay manera. Las promesas no terminan de cumplirse y el Santo Grial de las baterías que almacenen energía a bajo costo aún no ha aparecido.

Por ejemplo, a principios de este año, Ellen Williams, el director de ARPA-E , el programa de investigación de energías alternativas del U.S. Department of Energy, anunció la llegada de la batería del futuro. Pero era una de tantas. Y eso que tienen más de 75 proyectos de investigación para dar con el sistema de almacenar energía de manera compacta y a bajo costo.

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También hay cada vez más empresas que anuncian estar más cerca de la producción de dispositivos económicos, seguros, compactos y de alta densidad de energía suficiente para almacenar energía a un costo de menos de 100 dólares por kilovatio-hora. Ese precio tendría un efecto galvánico, superando el problema de suministrar energía renovable 24 horas al día y 7 días a la semana a la red eléctrica y que no dependa de estar disponible sólo cuando sople el viento o brille el sol, o para la fabricación de vehículos eléctricos ligeros y menos costosos.

Pero esas baterías no están siendo comercializadas al ritmo necesario para acelerar la transición de combustibles fósiles a las energías renovables. Incluso el CEO de Tesla, Elon Musk, subestimó la posibilidad de cumplir su promesa con las nuevas tecnologías, y se ha visto obligado a admitir que, por ahora, su fábrica de automóviles eléctricos se tiene que dedicar a incorporar gradualmente las mejoras en sus baterías de iones de litio ya existentes. Una opción que no significa una verdadera evolución.

De hecho, muchos investigadores creen que el almacenamiento de energía tendrá que tener una composición química diferente al igual que una nueva forma física, más allá de las baterías de iones de litio que durante la última década han empujado a un lado las tecnologías que compiten en la electrónica de consumo, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento a escala.

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Qichao Hu, el fundador de SolidEnergy Systems, ha desarrollado una batería de metal de litio que mejora, y en mucho, la densidad de energía almacenada, pero ha tardado diez años en desarrollar el nuevo sistema porque el principal obstáculo es que “a la hora de pasar de una idea a un producto”, dice Hu, “hay complicaciones, ya que al mejorar un aspecto, se comprometen otros”. Según los expertos de MIT Tecnhology, la dificultad para las pequeñas start-up es llevar sus desarrollos a un estudio de laboratorio, a una producción real.

A esto se añade el hecho de que la investigación de almacenamiento de energía tiene un problema de multiplicidad: hay tantas tecnologías, desde baterías de espuma a baterías de flujo o a químicas más exóticas, que nadie es el ganador claro para atraer la mayor parte de la financiación y la investigación.

Según un análisis de Lux Research, hay más de 4.000 millones de dólares invertidos en investigación para encontrar el mejor almacenamiento, en encontrar la batería “de nueva generación”, más allá de litio-ión. De hecho, el promedio ha sido invertir 40 millones de dólares cada año en los últimos ocho. La inversión de Tesla en su Gigafactory, que producirá baterías de iones de litio, totalizará alrededor de 5.000 millones. Esa enorme brecha de inversión es difícil de superar.

Gerd Ceder, profesor de ciencia de la Universidad de California, Berkeley, que dirige un grupo de investigación de nuevas químicas para baterías, señala que “los fabricantes de automóviles pueden probar nuevos sistemas de baterías durante años antes de tomar una decisión de compra. Es difícil de invertir 500 millones de dólares en la fabricación cuando una empresa destina 5 millones de dólares al año para financiar las investigaciones”.

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Empresas como A123 desaparecieron antes de lograr alcanzar un nivel de producción mínimo. Otras como Sakti3, adquirida por Dyson por apenas 90 millones de euros, o Seeo, adquirida por el Grupo Bosch, han terminado en manos de otros fabricantes por precios muy por debajo de lo esperado en un primer momento. Todas ellas empresas que aseguraban contar con diseños revolucionarios han sido incapaces de llevar esa evolución fuera del laboratorio.

La carrera por encontrar una batería buena, bonita y barata sigue su curso.

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