Arabia Saudí emprenderá reformas estructurales para no depender más del petróleo

Con el desplome de los precios del petróleo, Arabia Saudí ha tenido que hacer frente a una dura realidad: su economía no puede seguir dependiendo del crudo. Para sobrevivir en el futuro, el país ha desarrollado un ambicioso plan con el objetivo de modificar de forma radical su economía en un plazo de 15 años.

El principal impulsor de este cambio de estrategia es el ‘número dos’ en la línea sucesoria al trono saudí, Mohamed bin Salman, máximo responsable económico de Arabia Saudí que ha declarado en varias ocasiones su intención de acometer reformas estructurales en el país.

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“Tenemos una adicción al petróleo”, afirmó Bin Salman, reconociendo que esta situación es “peligrosa” para la economía del país ya que “ha retrasado el desarrollo de otros sectores”.

Las líneas generales de la ‘Visión Saudí 2030’, como Bin Salman ha denominado el plan y cuyos detalles se darán a conocer a mediados de año, pasan por diversificar la economía saudí, aumentar los impuestos, recortar en gastos y subsidios y apostar por la privatización de activos estatales, entre los que se encuentra la petrolera estatal Aramco.

Precisamente fue la salida a Bolsa de parte del gigante energético saudí esta semana la carta de presentación de este plan. El ‘número dos’ de la corona saudí confirmó antier lunes una medida de la que se comenzó a hablar el pasado mes de enero, aunque indicó que los detalles financieros se darían a conocer en el futuro.

Pese a ello, Bin Salman explicó que las autoridades tienen previsto sacar a Bolsa menos de un 5 por ciento de la petrolera, que estaría valorada en unos 2 billones de dólares. De producirse finalmente, Saudi Aramco alcanzaría la mayor capitalización del mundo, desbancando a gigantes como Apple o Alphabet.

Otra de las apuestas del país pasa por la creación del mayor fondo soberano a nivel mundial, mediante la transferencia de las acciones de Aramco al fondo estatal Public Investment Fund (PIF) con el objetivo de “fortalecer los recursos financieros y la estabilidad económica” del país.

La necesidad de llevar a cabo una transformación radical de la economía de Arabia Saudí se antoja indispensable. El pasado mes de diciembre las cuentas del país alcanzaron un déficit de 367.000 millones de riyales saudíes (97.860 millones de dólares), un 300 por ciento más que el año anterior.

De hecho, hace una semana se conoció que el país está cerca de cerrar un préstamo bancario a cinco años por valor de 10.000 millones de dólares con un consorcio internacional de entidades bancarias, lo que supondría la primera incursión de Arabia Saudí en los mercados internacionales en busca de financiación en 25 años.

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La principal causa es, como bien apuntó el propio Bin Salman en sus declaraciones, la fuerte dependencia del petróleo para engrosar sus ingresos. En 2015, el crudo aportó más del 70 por ciento del total de ingresos a las arcas saudíes, hasta 444.000 millones de riyales saudíes (118.390 millones de dólares), un 27 por ciento menos que el año anterior.

Esta situación se une al contexto de incertidumbre que rodea a los precios del petróleo, lastrados por un exceso de oferta en el mercado y la falta de acuerdo entre los principales productores, con Arabia Saudí a la cabeza, para reducir su bombeo y conseguir estabilizar el precio.

El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió en su evaluación anual sobre la situación de la economía del país, conocida como Artículo IV, sobre la necesidad de que el país acometiese “reformas estructurales” para trasladar el foco principal de crecimiento del sector público hacia el privado.

“Con una tasa de desempleo nacional todavía alta y una población creciente en edad de trabajar, el Gobierno continúa centrándose en reformas con el objetivo de incrementar el empleo de su población en el sector privado y diversificar la economía y superar su dependencia del petróleo”, indicó la institución presidida por Christine Lagarde.

De hecho, la falta de trabajadores saudíes en el sector privado es una de las preocupaciones que han señalado los expertos en sus análisis sobre la economía saudí. A la falta de incentivos para unirse al sector privado se une que el sistema educativo del país no proporciona a la población los conocimientos necesarios.

Una de las opciones apuntadas por el ‘número dos’ de la corona saudí para solucionar esta situación es el lanzamiento en un plazo de cinco años de una ‘tarjeta verde’ que permitiría regresar a los trabajadores expatriados para vivir y trabajar a largo plazo en Arabia Saudí, según indicó Business Insider.

Además, algunos analistas han advertido de que el recorte de los subsidios estatales, que afectarían principalmente a la electricidad, agua y gasolina y que supondría una gran subida de precios para los consumidores, podría encontrarse con la oposición de gran parte de la población.

Pese a estas dificultades, Bin Salman se mostró seguro en su discurso de que su “ambicioso” plan proporcionará un “nuevo futuro” a los jóvenes saudíes. “Esta visión no es un sueño, es una realidad”, subrayó en su discurso. (Patricia Alfaro).

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